Se denomina Tetramorfo, a la representación simbólica de los cuatro evangelistas, que en la pintura románica, son 4 personajes que se sitúan alrededor de la figura de Dios, Jesús o la Virgen. 
 
Los cuatro personajes, alrededor de la Mandorla, son, los 4 vivientes, según señalan los textos de Ezequiel, en el Antiguo Testamento y del Apocalipsis, en el Nuevo Testamento. Forman parte de la corte celeste, y su función es alabar, glorificar y dar gracias al todopoderoso, función que comparten con los coros de ángeles. Están relacionados con el fin de los tiempos y la segunda venida de Dios.
 
Las cuatro formas, de león, toro, hombre y águila, corresponden a los cuatro evangelistas, y también a los cuatro signos fijos del zodíaco, con sus cuatro elementos, rodeando al quinto elemento, o quintaesencia, que luego de haber recorrido el camino de los Arcanos, ahora baila, porque pisa terreno dorado, y todo es sagrado.
En el  Arcano XXI del Tarot de Marsella, la última carta de la serie de los Arcanos Mayores, el personaje es un andrógino, que ha integrado en sí mismo, sus lados femenino y masculino, aunque otras interpretaciones postulan que sería el principio femenino, o la representación del arquetipo del aspecto femenino, de Dios, la impronta que nos salvará. (Ver La diosa en los Evangelios)  

Así, el león, representa a San Marcos, el Fuego de Leo, el sol, la creación, y de aquí nacerán los Arcanos Menores, que llamaremos Bastos.

El evangelio de Marcos se caracteriza predominantemente por mostrar la voluntad del Cristo. El león es un animal que simboliza la fuerza y en este evangelio se muestra predominantemente la fuerza de la voluntad del Cristo, capaz de echar demonios de las personas con su palabra. Por otra parte, el león es emblema de la ciudad de Jerusalén, de donde es oriundo Marcos.

 

El águila, que es la octava encarnada del escorpión, el Agua de Escorpio, representa a San Juan, el discípulo amado, y el más esotérico de los cuatro evangelistas canónicos, cuya inspiración plasmó el libro del Apocalipsis. De aquí se despliegan los Arcanos Menores, que llamaremos Copas. 

El evangelio de Juan habla de la sabiduría del agua de las alturas, acerca de lo más elevado y profundo del Cristo. Por ello, narra los acontecimientos desde un punto de vista diferente al de los tres anteriores (no es sinóptico). Es el evangelio místico.

 

El hombre, representa a San Mateo, el Aire, los ideales de Acuario, la búsqueda de la verdad, de la confraternidad universal, de las ideas, de donde nacerán los Arcanos Menores, que llamaremos Espadas. 

El evangelio de Mateo da testimonio a los judíos, de que en Jesucristo  se cumplen todas las profecías del Antiguo Testamento relativas al Mesías.

El toro, representa a San Lucas, la energía de la Tierra, de dónde germinará los Arcanos Menores, que llamaremos Oros o Pentáculos.  

Este evangelio, escrito por un médico, caracteriza predominantemente el sentimiento del Cristo. Los toros tienen un corazón fuerte, y el corazón simboliza, desde antiguas tradiciones, los sentimientos. En este Evangelio se nos transmite, a través de parábolas, los sentimientos de compasión y justicia de Jesucristo hacia la humanidad.  

 
 
 visión de la gloria divina

1. Y sucedió que en el año treinta, en el mes cuarto, a cinco del mes, estando yo en medio de los cautivos, junto al río Kebar, se abrieron los cielos, y contemplé visiones de parte de Dios.

2. En el cinco del mes, en el año quinto de la deportación del rey Joaquín,

3. fue palabra de Yahvé a Ezequiel, hijo de Buzí, sacerdote, en tierra de los caldeos, junto al río Kebar, y fue allí sobre él la mano de Yahvé.

4. Miré, y he aquí que venía del septentrión un viento impetuoso, una nube densa, y en torno a la cual resplandecía un remolino de fuego, que en medio brillaba como bronce en ignición.

5. En el centro de ella había semejanza de cuatro seres vivientes, cuyo aspecto era éste: tenían semejanza de hombre,

6. pero cada uno tenía cuatro aspectos, y cada uno cuatro alas.

7. Sus pies eran rectos, y la planta de sus pies era como la planta del toro. Brillaban como bronce en ignición.

8. Por debajo dé las alas, a los cuatro lados, salían brazos de hombre, todos cuatro tenían el mismo semblante y las mismas alas,

9. que se tocaban las del uno con las del otro. Al moverse no se volvían para atrás, sino que cada uno iba cara adelante.

10. Su semblante era éste: de hombre y de león a la derecha los cuatro, de toro a la izquierda los cuatro y de águila los cuatro.

11. Sus alas estaban desplegadas hacia lo alto; dos se tocaban las del uno con las del otro, y dos de cada uno cubrían su cuerpo.’

12. Todos marchaban de frente, a donde les impelía el espíritu, sin volverse para atrás.

13. Había entre los vivientes (fuego) como de brasas, encendidas como antorchas, que discurrían por entre ellos, centelleaban y salían rayos.

14. Los vivientes iban y venían como el relámpago.

15. Y, mirando a los vivientes, descubrí junto a cada uno de ellos una rueda que tocaba la tierra.

16. Las ruedas parecían de turquesa, eran todas iguales, y cada una dispuesta como si hubiese una rueda dentro de otra rueda.

17. Cuando avanzaban marchaban hacia los cuatro lados, y no se volvían al caminar.

18. Mirando, vi que sus llantas estaban todo en derredor llenas de ojos.

19. Al ir los vivientes, giraban junto a ellos las ruedas, y al levantarse los vivientes sobre la tierra, se levantaban las ruedas.

20. Hacia donde los impelía el espíritu a marchar, marchaban, y las ruedas se alzaban a la vez con ellos, porque tenían las ruedas espíritu de vida.

21. Guando iban ellos, iban las ruedas; cuando ellos se paraban, se paraban ellas, y cuando se alzaban de la tierra, se alzaban, porque había en las ruedas espíritu de vida.’

22. Sobre las cabezas de los vivientes había una semejanza de firmamento, como de portentoso cristal, tendido por encima de sus cabezas,

23. y por debajo del firmamento estaban extendidas sus alas, que se tocaban dos a dos, la una con la del otro, mientras que las otras dos de cada uno cubrían su cuerpo.

24. Oía el ruido de las alas como ruido de río caudaloso, como voz del Omnipotente, cuando marchaban, como estruendo de campamento; cuando se detenían, plegaban las alas.’

25. Y una voz hendió el firmamento que estaba sobre sus cabezas. Al pararse ellos plegaron sus alas.

26. Sobre el firmamento que estaba sobre sus cabezas había una piedra de apariencia de zafiro a modo de trono, y sobre la semejanza del trono, en lo alto, una figura semejante a un hombre que se erguía sobre él.

27. Y de lo que de él aparecía, de cintura arriba, era como el fulgor de un metal resplandeciente, y de cintura abajo, como el resplandor del fuego, y todo en derredor suyo resplandecía.

28. El esplendor que le rodeaba todo en torno era como el arco iris que aparece en las nubes en día de lluvia. Esta era la apariencia de la imagen de la gloria de Yahvé. A tal vista caí rostro a tierra, pero oí la voz de uno que hablaba.

Ezquiel 1 , 14 al 21 habla de los tetramorfos