Exposición en Encuentro Acuariano, 3 de diciembre de 2023

 

Acuario: el gran cambio en marcha.Nuestra responsabilidad en la Nueva Era

Jaime Hales
Escritor, abogado, tarotista

Cuando invitaba a unos conocidos a este encuentro sobre la Era de Acuario, ellos preguntaron:
 ¿Qué son las eras?
 ¿Cuándo comenzó Acuario?
 ¿De qué se trata la nueva era?
 ¿Cuánto durará?

La mañana del 21 de marzo de 1948 fue el primer amanecer que tuvo como trasfondo del sol a la constelación de Acuario, después de 26 mil años. Una nueva Era se estaba iniciando para la tierra.
Ratificando los grandes conocimientos astrológicos provenientes desde las antiguas civilizaciones de Mesopotamia, la astronomía moderna ha descubierto la “precesión de los equinoccios”. Cada 72 años el eje de la tierra retrocede un grado en la circunferencia llamada zodíaco. Cada 30 grados el sol despuntará, teniendo como fondo a una constelación diferente. Es decir, cada Era Astrológica dura en promedio poco más de 2.000 años.

Cada una de esas Eras tiene un correlato, desde los contenidos simbólicos y espirituales de la constelación, con lo que sucede en la Tierra y en sus habitantes humanos.

 Así por ejemplo en la Era de Cáncer predominaron los cultos matrísticos;
 en la de Géminis surgieron las civilizaciones paralelas de Mesopotamia y su“hermanas gemelas” hacia la India y Persia o hacia Egipto y el resto de África;
 en Tauro se desarrollan las grandes ciudades y se instala la agricultura y la ganadería mayor como fuente de alimentación y riqueza;
 en Aries surge el desplazamiento masivo de pueblos indoeuropeos hacia Europa, con sus guerreros violentos y organizados, se desarrollan los ganados menores, el nomadismo e importantes migraciones.

La Era de Piscis se inicia con el nacimiento del Imperio Romano y está marcada en Occidente con la aparición del cristianismo, síntesis religiosa y filosófica del judaísmo y el pensamiento helénico. Su sello será el sacrificio, el dolor, el padecimiento, como una réplica del sacrificio de un Mesías que no es victorioso sino crucificado, derrotado y que, aunque resucita, lo que se resaltará son supasión y su muerte para redimir a los demás seres humanos.
Tal vez la primera señal de que algo nuevo nacía, fue que el fruto del trabajo iniciado por un pequeño grupo de California encabezado por Eleanor Roosvelt y Hernán Santa Cruz, que se convirtió pocos días antes del
solsticio de invierno en el hemisferio norte en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada en París el 10 de diciembre de 1948. Ese documento es el acta oficial de nacimiento de una Era en la que el elementodominante será el ser humano, su desarrollo y sus derechos.
Hernán Santa Cruz, relatando lo que sintió ese día, dijo: “Percibí con claridad que estaba participando en un evento histórico verdaderamente significativo, donde se había alcanzado un consenso con respecto
al valor supremo de la persona humana, un valor que no se originooriginó́ en la decisión de un poder temporal, sino en el hecho mismo de existir – lo que dio origen al derecho inalienable de vivir sin privaciones ni opresión, y a desarrollar completamente la propia personalidad. En el Gran Salón… había una atmósfera de solidaridad y hermandad genuinas entre hombres y mujeres de todas las latitudes,
la cual no he vuelto a ver en ningún escenario internacional.”

Acuario, signo de aire – espíritu, pensamiento, amor, vuelo, viento – está representado en el zodíaco tradicional por el aguador, es decir, un ser humano que distribuye el agua. Salimos de Piscis, donde el océano se volcó sin límites y dominó nuestros procesos. Ingresamos con Acuario en el espacio donde el ser humano es más importante que todo.
No cabe duda que estamos viviendo una nueva época de la humanidad, dondetodo es muy diferente a como lo era hasta hace unas pocas décadas.
Vivimos un cambio radical, marcado por nuevas ideas, desarrollo científico y tecnológico, disciplinas emergentes, aperturas de temas y tabúes, mayor importancia de la conciencia personal, anhelos de paz y concordia, reafirmación de la libertad como aspiración humana y posicionamiento de la justicia como un
tema central.
Toda nuestra vida es diferente e incluso hay quienes sostienen que los jóvenes y niños de este tiempo son diferentes de los anteriores.
Hablar de “nueva era” fue considerado raro durante años, pero hoy hasta el jefe de la iglesia católica romana se refiere en tres de cada cuatro discursos a la existencia de una era nueva, luego de que durante mucho tiempo los jerarcas religiosos se refieran despectivamente a la expresión “New Age” como una
especie de religión sin dios.
No cabe duda que es así: vivimos y somos los actores principales de un cambio de era y de una era de cambios.
Vivimos un proceso crecientemente acelerado de transformaciones culturales, sociales y políticas, que va despertando conciencias y voluntades, a la par de resistencias de quienes están acomodados a una forma de vivir, centrada en los parámetros de la Era precedente.
Los atisbos de la Era que nace van surgiendo con claridad en los últimos 250 añoscuando, en simultaneidad con el descubrimiento del planeta Urano –astrológicamente el liberador –, aparecen las luchas independentistas en América y los movimientos democratizadores en Europa.
Sólo desde los años 60 del siglo XX se empieza a generalizar la conciencia del enorme cambio del mundo, pero ya desde el siglo XIX quienes asumían la realidad de un cambio trascendental y trascendente, quedaron situados en dos bandos: unos dispuestos a impulsar el cambio y otros decididos a evitarlo, aunque en ello se le fuera la vida misma.
Aparecieron así los señores de la guerra, que en 1945, para aplacar a los que querían dominar el mundo entero, les lanzaron bombas atómicas, y decidieron que no habría paz en el mundo mientras ellos no lo controlaran todo.
Esos belicistas se fueron organizando, mejorando sus condiciones de armamento,
espionaje y otros mecanismos de intromisión y de dominación, generando alianzas e insertando enclaves poderosos, que desde la guerra de Corea y la de Vietnam hasta la invasión de Libia, Irak, Afganistán, les han otorgado un poder casi incontrarrestable. Aunque, cuando ellos parecen dominar el mundo, surge la nueva aspiración del imperio ruso invadiendo Ucrania y activando otros movimientos en diversos lugares del mundo, como por ejemplo el intento de extermninación de los habitantes de una parte de Palestina.
Estamos en un punto importante al entrar en el segundo grado de la Era de Acuario: la tensión entre la nueva conciencia y la violencia y el materialismo desatados llega a un punto álgido. Ya no puede haber términos tibios, sino que se debe optar entre el gran cambio de paradigma o la continuidad de un modo de
vivir gobernado por las minorías, para su beneficio, solaz y aprovechamiento.
Por eso he hablado de la importancia del nacimiento de una nueva humanidad
Cuando exploramos los vestigios arqueológicos, sobre todo aquellos que el mundo oficial tarda más en
reconocer, encontramos huellas que nos refieren a un desarrollo “no lineal de la humanidad”.
Con esto quiero decir que esos relatos que nos han hecho tan ordenaditos sobre las diferentes edades y
épocas y también acerca de cuándo existió una especie y cuándo existió otra, todas sucesivas, han ido cayendo como un castillo de naipes.
Ya sabemos que Lucy, la etíope, vivió hace 3 millones 200 mil años.
Ya sabemos que Neanderthal y Cromañón son solo dos de las numerosas variedades humanas y protohumanas que han existido y coexistido, que incluso se relacionaron hasta el punto de tener descendencia común. Algunas, las más fuertes a veces y las más inteligentes y mejor dotadas en sus habilidades otras veces, fueron predominando, sobreviviendo.
Los humanos hemos sido migrantes perpetuos. Los primeros en busca del origen del sol y otros del destino de ese astro divino, que daba luz y calor a la tierra. Y luego quisieron saber por qué no regresaba por el lugar al que fue, sino que volvía a aparecer siempre por donde mismo. Así entendieron – cosa que olvidaron los gobernantes milenios después – que el mundo debe ser redondo o estar al menos
inmerso en un camino circular.
El avance, desde el homo erectus de hace 3 millones de años hasta el homo sapiens que aparece hace unos cientos de miles de años, ha sido muy lento, casi sin cambios relevantes.
De pronto todo se acelera. Hace 13.000 años, cuando los hielos se derretían, el conocimiento se duplicaba cada 500 años. Hace 6.000 años, era poco menos. Hoy, en el siglo XXI (o siglo primero de la era de Acuario) se duplica cada 5 años. Eso se debe a la conciencia de saber, el homo sapiens-sapiens. Avanzamos en conocimientos y en procesos de organización civilizatoria.
Sabemos más, manejamos el conocimiento, creamos lo que nadie creó, pero somos seres humanos que conservamos la violencia, la agresividad y la crueldad de otras especies o grupos humanos anteriores. O aún peores, porque las tecnologías nos hacen más letales.
Mientras unos temen que la violencia que se ha desatado en estos tiempos pueda traer el colapso del planeta y el fin de la humanidad o su sometimiento a máquinas inteligentes o tiranos humanos que lo controlen todo,……otros creemos que la nueva era que estamos comenzando a vivir, proceso del
cual somos protagonistas, trae cambios con un sentido crecedor y que, en medio de las dificultades evidentes, estamos avanzando hacia una nueva y mejor sociedad.
¿Cómo aparece todo este progreso, crecientemente acelerado? Una de las respuestas que surge como posible – no necesariamente probable – sería la existencia en el planeta, en la larga historia del planeta, de otras humanidades antes de la nuestra.
¿Ha sido así? El mundo de las tradiciones esotéricas dice que sí. Madame Blavatsky nos cuenta de 5 humanidades, la última de las cuales sería la que está sobre la tierra en estos milenios. A la espera de una sexta que debe nacer con Acuario.
La actual humanidad, ésta que fue construyendo el mundo que tenemos en este siglo, ha llegado a un punto culminante, a un estadio crítico, en el cual se revelan contradicciones muy profundas. En la medida que se fueron acrecentado e instalando distintos procesos civilizatorios, la humanidad comenzó a vivir un
desarrollo de cada vez mayor conciencia sobre sí misma, logrando, entre otras cosas, establecer escalas de valores que podrían diferenciarla de las especies meramente animales. Incluso, tal vez, de los modelos de sus creadores (y organizadores)
Reflexiono sobre nuestro papel como humanos ante esta nueva realidad y podemos, debemos, anticipar con nuestra conducta el mundo que construiremos, proclamando una nueva esperanza sustentada en la confianza que nos dan los progresos reales conquistados por la humanidad y los datos que la trascendencia
nos ha entregado a través de múltiples canales.
Todo lo que comenzó a suceder a partir de diciembre de 1948 con la declaración de los derechos humanos, ha sido una interpelación a la conciencia: un llamado a estar suficientemente despierto como para darse cuenta de la realidad interior y exterior y asumir una conducta acorde con ello y con la propia naturaleza de
cada uno.
Los que hemos vivido en estos años, desde fines de los 40 del siglo pasado y en el nacimiento del siglo XXI, somos protagonistas privilegiados de un suceso único en la historia de la actual humanidad: es la primera vez que en un “cambio de Era” las personas, los seres humanos, tenemos cierta claridad al respecto o al menos percibimos que los cambios que se viven son de una profundidad y una trascendencia nunca vistas hasta entonces.
Nosotros sabemos que estamos en un cambio.
Antiguamente había unos pocos que sabían – magos de Babilonia, sacerdotes del culto romano, druidas y chamanes – pero hoy esa idea se ha ido generalizando y se habla y escribe de ello.
Pasan muchas cosas en el planeta y las inquietudes se han desatado.
Pienso en aquellos que miran estupefactos los sucesos y buscan entender y proyectar los acontecimientos que afectan su propia vivencia, su propia experiencia diaria. Queremos – me sumo al carro de los inquietos – saber por qué́ pasan las cosas que pasan.
Hoy observo a los que transitan por caminos muy diversos y que buscan entender por qué́ en la actualidad se habla de tantos temas que fueron misteriosos o se mantuvieron ocultos hasta hace pocos años: vidas pasadas, regresiones, tarot, astrología, espiritualidad, energías, ángeles, oráculos. Este mismo evento.Los acontecimientos se suceden con rapidez y la tecnología de las comunicaciones ha facilitado que nos enteremos con mucha prontitud de todo cuando acontece casi en el mismo acto. La prensa, la radio y la televisión dan cuenta a diario de misterios y acontecimientos nuevos o sorprendentes. La ciencia – la física, la biología, la química, la historia, la antropología, la arqueología – todos los días nos traen una propuesta nueva, desafiante incluso para sus propios postulados, desata nuevas interrogantes sobre el origen del universo, del planeta, de la humanidad en su conjunto; la historia se plantea más preguntas.
Al mismo tiempo, falsos profetas y agoreros anuncian catástrofes y el fin del mundo para cualquier día próximo; el cine plantea catástrofes e invasiones extraterrestres, además de horrible panorama para los siglos venideros. Surgen así el miedo y la incertidumbre, en un espectro que va desde el calentamiento global y hasta la guerra nuclear.
Vientos nuevos soplan, al mismo tiempo que se desatan terrores y esperanzas. Lo que antes era tema de algunos pocos, hoy, sin ser todavía mayoritarios, ya se extienden por muchas esferas de la sociedad y cada vez resulta más difícil a los “descalificadores” (escépticos) sostener posiciones apegadas solo al materialismo, a los productos de la ciencia clásica o a lo que la razón puede explicar. Pensemos,
por ejemplo, en el desarrollo de la Física: De Newton a Einstein pasa mucho tiempo y luego desde la teoría de la relatividad a las partículas, los quantas, las ondas, las cuerdas, sucede todo muy rápido y el conocimiento se revoluciona.
Recorremos librerías o escuchamos a las figuras públicas, conversamos con nuestros amigos, y nos damos cuenta que hay muchos tópicos hoy compartidos y que hasta hace muy poco eran prohibidos o silenciados por prejuicios e ignorancia.
Hoy nosotros, con los pies en el presente y la energría heredada desde el pasado, estamos construyendo el futuro.-
Repito: somos protagonistas de un momento importantísimo para el planeta y para la humanidad. Y tenemos – o podemos tener – conciencia de ello.
Estamos frente a un cambio de paradigmas, propio de la transición de una era a otra.
Recojo en esto lo propuesto en aquel importante libro de Marilyn Ferguson de los años 80 “La Conspiración de Acuario”, que anuncia el cambio en marcha con una claridad notable y describe el proceso que si bien se había iniciado, aun no se notaba como se nota ahora. Poco antes, Alvin Toffler en el “Shock del Futuro”, anticipaba los procesos quede viviríamos en las décadas siguientes.
Los viejos – es decir, los que ya tenemos más de 65 años – somos los últimosnacidos en la era que se muere e iniciamos, junto a los más jóvenes el proceso de construcción del tránsito. Los nacidos en 1974 y 1992, pertenecen a ambos mundos, son el nexo vivo entre la era que muere y la que comienza a nacer.
Algunos hablan de la generación perdida, otros de la generación sacrificada. Los menores, son los primeros integrantes no sólo de esta nueva realidad, sino sobre todo de una nueva humanidad.
Todos los que estamos vivos hoy, cualquiera que sea el papel que estemos jugando, somos los actores principales del cambio de era. Algunos, más resueltos, nos autodenominamos “trabajadores del nuevo paradigma”. Esto implica una visión finalista que compromete las decisiones de cada día. Los caminos se van bifurcando a cada paso que damos y las renuncias o las concesiones innecesarias nos pueden alejar del paradigma de la era que se inicia. Y estamos por ella o contra ella: no hay espacio para la tibieza ni la vacilación ni la confusión.
Ello tiene consecuencias insospechadas: porque a los intentos de detener el cambio – con sus efectos catastrofistas – se opone un fuerza transformadora cuyos parámetros terminarán generalizándose aun a costa de grandes pesares y dolores. Pienso en la ariana resistencia de la Roma imperial, su decadencia
primero y su estrepitosa caída a mano de los invasores luego para que Piscis se abriera paso a plenitud.
Ahora le toca a Acuario.
Ya hace 2.500 años comenzaron a aparecer en distintas regiones del mundo algunos discursos y mensajes diferentes al generalizado en las civilizaciones de entonces: Zoroastro, Buda, Pitágoras, Mitra, Jesús llamado el Cristo, para nombrar a los más destacados, proponen estilos de vida completamente diferentes, hasta el extremo de impulsar como ejes centrales de una nueva sociedad, de un nuevo
modo de vivir:
 el desprendimiento generoso de los bienes materiales, la solidaridad,
 la colaboración,
 la justicia
 la libertad
 el amor,
Los más radicales de esa propuesta fueron Buda –que propone la vida en la pobreza y desprendimiento total – y Jesús – que plantea el amor a los demás como criterio de conducta, partiendo por el amor a los enemigos –. Su discurso choca con las estructuras. En el caso de nuestra cultura llamada occidental, el
cristianismo se rinde ante el poder político y económico y se identifica con ellos, recurriendo a la acumulación de riqueza, la violencia y la corrupción para expandirse y mantener el dominio.
El argumento de los poderosos ha sido que la fuerza es la fuente del poder –como en la Era de Aries– y que el sufrimiento es el camino para alcanzar la gloria– como en la Era de Piscis–. Unos deben “aceptar el sufrimiento” que conlleva la responsabilidad de dirigir, de mandar, de organizar a los demás, de soportar el
peso del poder. Otros deben aprender a obedecer, a no codiciar, a callar, a aceptar las normas que las minorías dirigentes le imponen. Si naciste pobre, sé el mejor pobre, pero no pretendas salir de allí, porque eso es ir en contra de la voluntad de los dioses que justifican a los poderosos.
Pero terminó Aries – prolongado artificialmente por el cruel y brutal imperio romano – y hemos vivido todo Piscis, cuya culminación fue el lanzamiento de las bombas atómicas sobre pueblos indefensos.
Estamos entre dos eras. La era de Piscis que se sacude moribunda y la era de Acuario que nace en medio de los estertores de su antecesora.
El mundo que nace es resistido por las minorías poderosas, las que son apoyadas por seguidores que prefieren la esclavitud antes que el riesgo de ir a lo desconocido.
Pero otras minorías, personas y grupos de personas que están despertando su conciencia, comienzan a hablar, a proponer, a sugerir y, sobre todo, a vivir, experiencias distintas orientadas por la esencia de lo humano.Los dioses violentos y represivos están siendo sustituidos en la conciencia colectiva por una divinidad que lo contiene todo, que no se alía con los poderosos, que es una fuerza de amor y que nos conduce sutilmente a un modo de vivir sustentado en la justicia, el amor, la libertad y sobre todo, en una nueva conciencia de humanidad.
La actual humanidad está viviendo un proceso de transformación muy profundo que, por cierto, es lento.
Esa lentitud se debe a dos razones:
 la primera es que la conciencia no se impone, sino que debe despertarse en
cada uno de los seres humanos a partir de la conexión profunda consigo
mismo;
 la segunda, es que quienes tienen el poder – más allá de sus ideologías – lo
defienden a brazo partido. Y he aquí la extrema violencia, la desesperación
por mantenerse, la corrupción, la codicia, la envidia, la soberbia y sobre
todo, la falta de respeto por los otros seres humanos.

Esta vez, al iniciarse Acuario – a diferencia de lo que se ha vivido en otras eras – no tenemos ni un avatar ni un profeta. No es el tiempo de los caudillos ni de los líderes que creen saberlo todo. Eso es justamente lo que debe ser desplazado. NO es el tiempo de alguien que nos diga todo lo que debemos hacer. Por el contrario: es la hora en que deben armonizarse las relaciones humanas desde una perspectiva completamente diferente.
El avatar de la nueva Era es la propia humanidad en su conjunto. Por eso la responsabilidad recae en cada ser humano y la transformación se va acelerando en la medida que se reúne la masa crítica suficiente.
Yo digo: si el 10 por ciento de los que se dicen cristianos siguieran el llamado a amar a los enemigos, ¿no creen ustedes que habrá poco espacio para las guerras?
La paz no sería el tiempo intermedio entre dos guerras, sino algo mucho más potente: una manera de vivir en colaboración, en respeto, en justicia.
La declaración de los derechos humanos aun es una aspiración, pues nos enfrentamos al conflicto con quienes creen que defender los derechos humanos es un acto político de las izquierdas o confunden la acción de los delincuentes con las violaciones de los derechos humanos, que solo las pueden cometer los agentes del Estado.
Atisbos de cambio en los años 60, con una réplica feroz llena de violencia en todo el mundo durante los 70 y 80. Dictaduras brutales que se instalan en todos los continentes. Pero la esperanza y las mejoras empiezan a surgir al despuntar los años 90, cuando las tiranías deben ceder espacios.
Este es el punto de crisis: una parte muere y otra se levanta. Aunque haya resistencias, finalmente lo que emerge se habrá de instalar.
Estamos en hora de definiciones, pues nos situamos en uno u otro lado.
Las energías están en movimiento. Para mantener las cosas, basta con imponer por la violencia y el autoritarismo los moldes actuales de comportamiento. Los que queremos que termine el modelo anterior y se abran paso los paradigmas de la nueva era, asumimos que hay tareas concretas sustentadas no solo en vagas expectativas, sino en la observación de lo que pasa en el tiempo actual, donde algunas ilusiones comienzan a hacerse realidad.
Por ello es necesario dar cuatro pasos:
 SABER,
 DESPERTAR,
 CRECER,
 AMAR.
¡Ha llegado la hora!
La señal más poderosa ha sido el nacimiento de los niños de la nueva humanidad.
Ellos serán quienes se harán cargo del nuevo paradigma. Cada vez hay más. Se está reuniendo la masa crítica necesaria. Cuando eso suceda, todo estaré estará en orden para producir la transformación.
La generosidad, la solidaridad, la empatía enfrentarán al egoísmo, a la ambición desmedida, a las ansias de poder, a la competencia, desarrollando verdadera conciencia de personas frente a los individualistas, conciencia de sí mismos, del yo frente a las deformaciones del ego: egocentrismo, egolatría y egoísmo.
La nueva humanidad construirá una forma de vida de cooperación y armonía, que será cada vez más frecuente, más natural y por lo tanto que se quedará instalada para siempre. Las contradicciones serán asumidas con mayor conciencia y resueltas con voluntad, pasión, interés por los otros. El materialismo cederá paso a las dimensiones menos físicas y las expresiones de vida concreta serán más amorosas y afectivas que bélicas o agresivas.
Es el tiempo de la vida real, lo relevante no serán las teorías sino las experienciasconcretas, inspiradas en los aspectos intelectuales, espirituales y emocionales.
No estamos frente a una nueva generación sino ante el nacimiento de una nueva humanidad, cuyos parámetros serán totalmente diferentes. Porque ninguna de sus dimensiones primará de modo determinante, sino que habrá un desarrollo armónico de los aspectos intelectuales, espirituales, emocionales y físicos de cada una de las personas.
Esta nueva humanidad entenderá que la competencia ayuda menos que la solidaridad y la colaboración. El respeto y la valoración de los demás, el cuidado de nuestros entornos físicos y humanos, la acción integradora de las miradas intelectuales y espirituales, las manifestaciones emocionales, son parte de las
claves que esta nueva humanidad aportará al mundo.
Repitamos: el amor es el motor que pone en marcha una sociedad diferente, másclara, de mayor comunicación. Más que lo externo, la nueva humanidad pondrá mayor atención a lo que pasa en cada una de las personas.
La nueva humanidad que construirá la sociedad acuariana será amorosa, libre, justa, haciendo realidad el lema de la fracasada revolución francesa, con la más alta conciencia de sí mismo, voluntad de diálogo, encuentro con los otros, mayor comunicación, sustentado en un desarrollo de la creatividad en todas sus formas.
Reitero: debemos estar suficientemente despiertos como para darnos cuenta de las realidades interior y exterior y luego asumir una conducta acorde con ello.
Este “Cambio de Era” nos permite constatar que los seres humanos podemos percibir que las transformaciones son de una profundidad y una trascendencia nunca vistas hasta ahora, al menos en la historia de los últimos dos o tres millones de años.
A estas alturas, cuando vivimos nuevos “locos años 20”, como hace 100 años, nos preguntamos otras cosas: por ejemplo… ¿Por qué estamos aquí? ¿Para qué? ¿Existen verdades, certezas, seguridades? ¿Existe la verdad? Sí, existe. Estoy con la frase de William Blake 1 : “La verdad existe, aunque no la conozcamos”.
Cada uno de nosotros podemos tomar contacto sólo con una parte de esa verdad, la que se expresa concretamente en nuestro mundo inmediato. Pero esa no es una limitación de la verdad, sino nuestra.
Para conectar la realidad humana con la verdad, uso un método que se resume en tres conceptos: pluralista, humanista y holística.
Sé que esto puede empezar a sonar como una quimera, aquello que no existe y no puede existir,. pero no es así. Probablemente parezca utopía y de ser así me alegro pues nos da la posibilidad de construir una realidad que deberá existir.
En torno a esta idea, no buscamos adhesión y conformidad, sino por el contrario pretendemos agitación, reflexión, un intento para ir más allá del horizonte que nos impuso la era de Piscis que está muriendo y que al morir mata, como si no tuviera más alternativa.
MI misión personal – y la de muchos de nosotros – es la de abrir puertas para cruzar umbrales hacia espacios nuevos.
Sabemos que no basta que muchos abran puertas, pues la responsabilidad de cruzarlas es de cada uno, de cada persona que deberá hacer su propio tránsito.
Será más fácil cuando muchos hayan adquirido esta conciencia, pero aun así siempre habrá una decisión personal, es decir, de cada uno respecto de si se contribuye al mundo nuevo, se resiste o se mantiene un perfil lejano (que no es más que otra forma de resistirse).
Uso conscientemente el término “persona” y no “individuo”, pues tomo el moderno enfoque de la filosofía y de la psicología, que entiende que todos somos seres interconectados con otros y que nadie vive aisladamente sus acciones, decisiones o silencios. Lo que yo hago y lo que tú haces es parte del proceso.
Pero al mismo tiempo, tu proceso y mi proceso, nuestros procesos, inciden en el
de los demás. Esa es una de las grandes paradojas del mundo holístico.
Cito al psicólogo y astrólogo chileno Gonzalo Pérez Benavides, quien hace más de 20 años nos dijo en su clase magistral al iniciarse las actividades del primer Diplomado en Estudios Holísticos de Syncronía:
“Todos (nosotros) estamos trabajando en ello, es una alquimia colectiva. No hay nadie que esté al otro lado del río: las grandes aguas se cruzan en grupo. Es la paradoja del mundo interno: el camino es absoluta y únicamente individual – cada uno trae su destino y cada uno trae su memoria inconsciente y cada uno necesita abrir por sí mismo las claves personales – pero es igualmente cierto que cada uno, solo, no logra nada, si no está conectado con su equipo evolutivo, si no ha abierto su corazón a esos hermanos y hermanas naturales con los cuales viene evolucionando, seguramente durante muchas vidas y quizás desde otros mundo.”
El cambio que debemos llevar adelante en la nueva era es subversivo.
Propongo y aspiro – y trabajo para ello – un cambio profundo, rápido y global de las estructuras de la sociedad en la que vivimos, para construir una nueva sociedad. Los cambios se están produciendo, pero la sensación al comenzar el siglo XXI es que los que quieren mantener el actual estado de cosas (incluso
algunos proponen regresar al pasado) van ganando.
Sin embargo, el cambio profundo ya se está produciendo. El cambio global está en desarrollo. Lo que se ve afectado puede ser la intensidad, la velocidad. Eso ya está sucediendo en el planeta. Pero, sobre todo, este cambio será personal: es decir, afectará no sólo las estructuras e instituciones, sino sobre todo a las personas, a los seres humanos concretos; cada uno inmerso en el mundo real, pero cambiando desde sí mismo.

Es un trabajo de desarrollo interior, de expansión de la potencia divina que reside en todas y cada una de las personas, asumiendo las diferencias entre ellas, pero también incorporando el sentido comunitario del trabajo de transformación del mundo.
Como lo dije al fundar la Academia de Estudios Holísticos Syncronía en la década de los 90: “El viejo dilema respecto de la primacía o prioridad del cambio personal o del cambio social ha desaparecido. Hoy sabemos que el cambio será social o no será; será personal o no será.”

El Gran Cambio está en marcha, pero ya sabemos que el curso de los acontecimientos depende de muchos factores, siendo uno de los más importantes la acción humana, su voluntad, su decisión. A veces todo parece detenerse, pero aun en ese instante podemos alzar la mirada, sonreír y saber que no fue más que
una piedra en el camino durante un viaje que puede tardar más de lo previsto, pero que a la larga nos va a llevar a esa sociedad más justa, más libre, más humana.

Ustedes no han llegado a esta sala hoy ni por error ni por simple accidente. Nada es meramente casual. Gracias por haber estado acá.
Por el contrario, una secuencia de procesos personales y grupales los pone en posición de abrir una nueva ventana en su mente y su corazón o reafirmar sus conocimientos en una nueva síntesis.
He querido hablar desde la humildad y la alegría. Humildad, para recordar que nunca partimos desde cero, sino siempre desde el punto en el que el anterior corredor dejó la posta. Alegría, para descubrir y valorar el concierto maravilloso que surge desde las manos de tantos que enseñan, aprenden y comparten, más
armonía que lo que ordinariamente se sostiene. Y en ello, muchos de los nacidos en las últimas décadas ya están abriendo los caminos. La masa crítica se acerca.
Es poco lo que sabemos, pero si respetamos y amamos al mundo concreto que nos rodea, seremos capaces de iluminar las ignorancias y convocar a los que tienen dificultades para ver y para oír.
El ser humano es la criatura más compleja e interesante de todo lo que existe en el planeta tierra. “Somos lo mejor de la creación”, ha dicho la astrónoma María Teresa Ruiz.
Cada día estoy más convencido de la inmensidad del universo. Nuestra vida terrenal nada dura en comparación con el tiempo de existencia probable del universo conocido; y nuestro cuerpo parece insignificante en comparación con su dimensión. En esa inmensidad, me asiste la certeza de que cada uno de nosotros es indispensable y, sin nuestras energías, el inconmensurable universo no sería el
mismo. Ello fortalece mi fe en la divinidad y en la trascendencia de las personas.Por más de veinte siglos, se nos ha enseñado un modo racional de ver la realidad.
La racionalidad trabaja analíticamente: es decir, lo que importa es la visión y el conocimiento de las partes. Ello nos muestra una realidad fragmentada y un ser humano unidimensional.
Ahora nosotros, protagonistas del cambio de Era, podemos decir que vamos de la mano con la nueva humanidad y le entregaremos el testimonio de esta posta con la confianza, con la seguridad, de que estas personas diferentes construirán ese mundo de paz, de entendimiento y de prosperidad.
Viene una nueva humanidad, con la conciencia más despierta, sabiendo más de sí mismo cada quien y del mundo, con la confianza que el autoconocimiento es la conexión hacia sisí mismo y hacia los demás.
Una humanidad que sabrá que no todo se resuelve con la riqueza y que la meta por alcanzar tiene que ver con “ser más” y no necesariamente con “tener más”.
Esa es la verdadera calidad de la vida que viene, es la nueva racionalidad.
Una humanidad solidaria en la escala de lo inmediato y lo cercano, pero también en la escala planetaria.
Una humanidad que sustenta su acción en una nueva ética, la ética de la paz, el entendimiento, sobre la base del amor.
Desde el derretimiento de los hielos, han transcurrido seis eras y ahora estamos en las antípodas. Con Leo – la constelación regida por el sol – los hielos se derriten y ahora, con Acuario, se inicia un nuevo período para la humanidad.
Nosotros, tenemos una responsabilidad y tareas en las que somos insustituibles.
Los viejos estamos por partir.
Los más jóvenes tomarán la posta. Ellos y nosotros debemos ser capaces de contestar esa pregunta que Juan el Bautista hizo a Jesús, el nazareo, llamado Cristo: “¿Eres tú el que había de venir o deberemos seguir esperando?”
Porque él – el mundo de ayer y el de mañana – nos pregunta a nosotros:
¿Eran ustedes los que iban a romper los diques, los que iban a abrir puertas y ventanas, los que iban a encender la luz en la montaña y ser la sal de la tierra, o deberemos seguir esperando?

Fotografía: Mónica De Simone