Tradicionalmente asociamos la luna a  lo receptivo, lo misterioso y lo uterino.
La luna representa el carácter femenino de la creación, cambiante y cíclico,  y también las distintas etapas de la vida simbolizadas en la triple diosa de la antiguedad: la doncella, la madre y la vieja sabia.
Además, cada lunación se impregna de las características del signo donde ocurre. Por estos días, el sol transita por  Virgo, poniéndonos en sintonía con las energías de la purificación y la sanación. Es un buen momento para conectarse con lo natural, lo simple y lo esencial,  poniendo orden en nuestras vidas, sin descuidar la maravilla y el encanto de los detalles.
La Luna Nueva se relaciona con todo lo que empieza, y es el mejor momento para plantar las semillas de cualquier proyecto o anhelo que anidemos en nuestro corazón.
La Luna Creciente es para desarrollar e impulsar todo aquello que queremos que crezca, se fortalezca y prospere.
La Luna Llena Todo lo que fue estimulado en la Luna Nueva y realizado en la Luna Creciente, llega a su máximo esplendor. Si quieres que algo brille o se destaque realízalo en esta fase. Gran momento para conectarse con lo mágico y esotérico.
La Luna en Cuarto Menguante nos ayuda con todo aquello que queremos disminuir o concluir, cerrando ciclos o  desterrando malos hábitos o pensamientos negativos. Buen momento para limpiezas o depuraciones.
En la Luna Oscura nos quedamos quietos. No hacemos magia. Es momento de silencio y reflexión.