
Romper el círculo, adaptación de la novela bestseller, It ends with us, de Colleen Hoover, superó todas mis expectativas. Fui al cine pensando que “sería bueno verla”, casi por cultura general, pero la película me interpeló. No solo por el tema del amor propio, sino por el tratamiento fino, sutil, de una realidad difícil de contar, tan desafiante y espinosa, como es la de la violencia doméstica.
La historia es la de Lily Blossom Bloom (bello juego de palabras que es como un triple florecer), una mujer como cualquiera de nosotras que ha trabajado duro para construir la vida que desea, incluyendo una preciosa florería, que ya quisiera yo tener.
Mientras ella se construye y reconstruye como una flor delicada y fuerte al mismo tiempo, nos enteramos de que su pasado es complicado y ha estado marcado por el abuso que presenció en su infancia y adolescencia, cuando su padre maltrataba a su madre. Esta experiencia deja una huella profunda en Lily, y de manera inconsciente, se enamora de alguien que le permita repetir el patrón.
Ryle, el guapísimo y enigmático neurocirujano. Y aunque inicialmente y aparentemente parece ser el hombre perfecto, su relación con Lily rápidamente revela aspectos más ocultos de su personalidad, incluyendo una tendencia a la violencia.
En la escena de las sillas en la azotea, ya la devela, por supuesto con sus heridas y su propia historia a cuestas, pero ella no ve, embriagada en el encanto viril y seductor que él despliega ¿Cuántas veces las señales están ahí y no las vemos o no las queremos ver?
A lo largo de la historia, Lily se reencuentra con Atlas, su primer amor, con quien, a pesar del tiempo, perdura un fuerte lazo. Así, el triángulo amoroso entre Lily, Ryle y Atlas, se convierte en el eje central de la trama, explorando las complejidades del abuso en la relación y la dificultad de salir de ella.
La escena ambientada en la cocina me parece del todo notable, al estar tan bien tratada, que no sabemos si eso que vimos o intuimos sucedió en realidad o no. Y así es con los maltratadores. Su ira al principio es desdibujada, no podemos creerla, pero cada vez se hace más elocuente, con una intensidad que más temprano que tarde hace erupción y se manifiesta en agresiones y oscuridad.
Algunos han criticado la extrema belleza de la película, como un defecto en que no se muestra la rudeza y el horror que se podría llegar a vivir, dejándola situada en un halo de liviandad; yo propongo mirar la otra cara de esa moneda, como una virtud narrativa, que nos ayuda a digerir mejor.
Hay una arista, sin embargo, que no se aborda, y es la difícil realidad en la que muchas mujeres prefieren quedarse con sus parejas abusivas.
Una película que recomiendo, en la que no se ofrecen todas las respuestas, pero en la que se comunican de forma honesta y emotiva, los pequeños detalles de los que está compuesta toda relación, el amor, el abuso y la necesidad de romper ciclos destructivos.
