Arrobadas, alumbradas, extasiadas, brujas. Hay mujeres que ardemos de amor. Entonces nos echan a la hoguera.
Santa Teresa de Ávila estuvo a punto de caer en manos de la inquisición, que hoy, está muy lejos de estar lejos. Hoy las hogueras son virtuales, y aveces, como en aquellos tiempos, en nombre de la propia luz, los “dueños de la verdad” todavía queman, todavía eliminan, a quienes se atreven a buscar la verdad.
He aquí la tremenda actualidad de esta bellísima película.
Como todos los grandes, Teresa, la amante esposa de Cristo, se desmarcó y brilló con luz propia, fundando en 1562 la orden de las Carmelitas Descalzas y su primer monasterio, el de San José, en Ávila, que sobrevivió a un proceso judicial que duró más de dos años.  Hasta su muerte fundó 12 conventos más por toda España.
Fue canonizada en 1622 y proclamada la Primera Doctora de la Iglesia en 1970 por el Papa Pablo VI
Las Moradas del Castillo Interior, su último libro, es considerado una de las cumbres de la mística cristiana y de la prosa española del Siglo de Oro.

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.
 
Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.
 
Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
 
No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

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Ray Loriga. Teresa, el cuerpo de Cristo.  España, Reino Unido y Francia. 2007