“La vida no es como una película de la Meg Ryan” me dijo una vez un amigo. Pero a veces, las películas se parecen tanto a la vida. Y por eso las adoramos y vamos al cine, a ver si encontramos en ellas amores y desamores y dudas: Nuestros amores, nuestros desamores, nuestras dudas.
En la fiesta de inauguración de mi actual casa, en la que vivo hace diez años, brindé porque celebraba también, y muy especialmente, la reconstrucción de la casa interior. Y precisamente de eso se trata esta bellísima película que no fue de la preferencia de los críticos especializados… sí, yo también en una época de mi vida sólo veía películas de “Cine Arte” y ¡hasta dí clases de Apreciación Cinematográfica!, pero que rico es ir al cine  sin la pedantería intelectual de los veinte años… ¡qué libertad!
Bajo el sol de Toscana es una película narrada con extrema sencillez, y la protagonista una escritora recién divorciada que compra una casa vieja en la región de Toscana, Italia, para iniciar una nueva vida. “Bramasole” se llama la Villa, que literalmente quiere decir “que brama por el sol” o “que anhela el sol”.
Y mientras arregla la casa, Frances ( Diane Lane, qué linda ella), se reconstruye a sí misma, llenándose de los colores , los olores y los sabores del lugar, de sus amigos, dándose cuenta poco a poco, que está viva y  que ella es mucho más que aquella dolorosa pérdida.

Frances vibra con las pequeñas alegrías de la vida y goza con los placeres amables de una existencia en armonía, hasta que un día, casi sin darse cuenta, vuelve a sonreír, pues el universo, abierto, abundante y generoso, ha cumplido los deseos que ella inocentemente ha formulado. (Ojo con lo que pidas que se te puede cumplir).
Escrita y dirigida por una mujer, Audrey Wells, la película se basó en la novela autobiográfica de Frances Mayes, otra mujer.
Con homenajes más que explícitos a Federico Fellini, concuerdo plenamente con alguien que dijo que después de ver la película, a uno le dan ganas de empeñar hasta la palangana para recorrer aunque sea por unos cuantos días esa parte del mundo. Porque esta historia de muerte y resurrección, se cuenta en medio de una constante fiesta estética que retrata fielmente la comida y las costumbres de Italia, paseándose por los paisajes de la campiña Toscana, con esos tonos ocre maravillosos, los campos pletóricos de girasoles y las playas de Positano…”tutta la Italia e bella” decía mi abuelo y no se equivocaba…
La última escena, con la protagonista frente a la llave de agua es sublime.
Bajo el sol de Toscana. Año 2003. Dirección: Audrey Wells. Usa e Italia.

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