La cita, – aunque desconozco su autor-  es conocida: “El valor de las cosas no está en el tiempo que duran sino en la intensidad con que suceden. Por eso existen momentos inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables”.
Máxima que  viene como anillo al dedo a esta magnífica película de Richard Linklater, que lapida con creces esa teoría de que segundas partes nunca fueron buenas.
Antes del Atardecer (2004) es la secuela de Antes del Amanecer (1995), película de culto al menos para los de mi generación, en la que dos jóvenes de veintitantos años, Jesse (Ethan Hawke) y Celine (Julie Delpy) se conocen una noche en un Eurail Tren haciendo ese “clic” del que habla la cita que abre este comentario, estableciendo una conexión tan inmediata y profunda, que a pesar  de haber durado sólo unas horas, unirá sus almas para toda la vida.
En Viena habían acordado volver a verse después de seis meses, pero el reencuentro  sólo ocurrirá en París, pasados nueve años.
Como si esto fuera poco para armar la historia, el hecho de que los mismos actores de la primera parte estén  más viejos en la segunda, los hace todavía mucho más queribles, casi entrañables.
Los diálogos son increíbles…todos…pero especialmente aquél en el cual ella habla de los detalles que hacen a una persona, mientras pasean en una de esas lanchas que recorren el Sena.
¿Otro? Cuando ambos reflexionan acerca de cómo en  nuestra juventud hemos dejado pasar por nuestras vidas a personas, creyendo ingenuamente que más adelante encontraremos otras que nos remecerán como aquéllas, comprobando en la adultez que está lejos de ser así…
 
 
Richard Linlater. Antes del Atardecer (Before Sunset). Usa, 2004