Santiago, 10 de agosto de 1988

Poeta
Don Octavio Paz
Inspirador
Ciudad de México
México
Estimado Señor:
En medio del infierno de técnicas literarias y análisis rigurosos, desgloses científicos y procedimientos lógicos en los que transcurrió mi carrera de Licenciatura, atravesada por la duda/ convicción /certeza acerca de si creer o no en la Literatura, empeñada en experimentar la emoción de mi particular territorio de imágenes y balbuceos, me aventuré en el trabajo que le envío.
Trabajo que no tiene más pretensiones que la de haber gozado con su poesía.
Borges decía que la literatura es una forma de felicidad y que si leemos algo con dificultad el autor ha fracasado. Comulgo con Borges.
Su libro El Arco y la Lira ha sido para mí una forma de alegría, un generador de pensamiento vivo en torno a la Poesía: la de ojos hermosos, la que sacude las gastadas vitrinas de las letras muertas para que no se queje León Felipe ni menos Quevedo.
En medio del infierno de técnicas literarias y análisis rigurosos, desgloses científicos y procedimientos lógicos, atravesada por la duda /convicción/certeza acerca de si creer o no en la Literatura, conocí a José Emilio Osses, el profesor que guió la tesis que le envío.
Él se fue sin avisar, pocos meses antes de concluir esta memoria. Murió la noche del 25 de diciembre de 1987, de un derrame cerebral. Lo ví la última vez en su oficina del Campus La Reina, de la Universidad de Chile; estaba triste.
Y no pudimos quedarnos con los poemas en la boca, una, y otra, y otra vez.