Un texto de Sarabjit Kaur y Marcela Vadell

 
El día 8 de marzo, día internacional de la mujer, es una buena fecha para hablar de la cuenta larga de 26.000 años que nos legaron los mayas en su hoy famoso calendario. Lo oportuno de la fecha dice relación con uno de los principales vaticinios para el ciclo venidero: el despertar de Gaia, de la Madre Tierra, de la Pachamama, de la consciencia femenina del planeta y de la mujer, como encarnación y manifestación viviente de esa consciencia.
El valor de lo femenino como generador y regenerador del mundo fue reconocido desde el confín de los tiempos por culturas ancestrales, como la china. En el capítulo VI del Tao Te King, Lao Tse sentencia:
El espíritu del valle no muere
Es la hembra misteriosa
La puerta de lo misterioso femenino es la raíz del universo
Ininterrumpidamente, prosigue su obra sin fatiga.
Ciertamente, quienes hemos tenido el privilegio de convivir con mujeres, sabemos que la fatiga no es una de las características de la mujer sana y empoderada. Como el planeta, rueda sobre su eje día y noche, noche y día de acuerdo a ritmos sempiternos, a un vaivén imperecedero de actividades diurnas y nocturnas, que garantizan su sobrevivencia y la de quienes le rodean. De niña a mujer, de mujer a madre, de madre a abuela, la mujer gana en atributos a medida que establece una relación de complicidad con el tiempo: ella entrega vida, el le retribuye con experiencia, sabiduría, y en algunos casos, por fortuna no demasiado excepcionales, la corona con la santidad.
En la Europa cristianizada, en el subsuelo de las iglesias, se adoraba a vírgenes negras, oscuras como las rocas, que recibían en su seno a los feligreses que querían elevarse a las alturas, recordándoles que para alcanzar el cielo primero debían pisar la tierra, y pisar fuerte, debían dejar a su paso una huella de amor a sus semejantes, es decir ser como mujeres y entregar vida.
La fuerza de lo femenino está en su constitución misma. Lo femenino es sutil, ve y valora lo no visible, tiene afinidad con el elemento ether, mismo que en otras culturas se llama pranna, chi, y que la ciencia moderna denomina materia oscura, un elemento superior a los restantes porque es el origen de todos ellos.
En el centro de la galaxia habita un hoyo negro, un hueco que bien podría ser el pasaje a otras dimensiones, pero que también podría ser un reservóreode materia oscura, de materia no manifiesta almacenada a la espera de futura posibilidades de expresión; el centro de la galaxia podría ser la puerta delo misterioso femenino que es la raíz de todo el universo, tal como pensaba el milenario Lao Tse.
 
El 22 de diembre de 2012, según lo que han informado al mundo los estudiosos del Calendario Maya, ocurrirá un evento cósmico de tipo sinódico, es decir convergerán en latitud y longitud dos cuerpos celestes, el opulento, cercano y brillante Sol, y el misterioso, lejano y oscuro centro de la galaxia, semejante al que se produce entre el Sol y la Luna durante los eclipses de Sol, pero de consecuencias inimaginablemente prolongadas en el tiempo: 13,000 años.
 
Siendo este enlace a la fecha ante todo un fenómeno mediático, que llena espacio en muchos casos sensacionalistas, con noticias diversas que no hacen mas que confundirnos, llevándonos a una polémica que no se resolverá sino hasta que vivamos la fecha, o hasta que veamos sus resultados, cualquier preocupación al respecto resulta intrascendente. Sin embargo, más allá de la ocurrencia o no de un fenómeno de corte catastrófico, la catástrofe ya ha tenido lugar en nuestras mentes y en nuestros conceptos del mundo.
 
Cuando Colón descubrió América, la imagen del mundo que existía hasta entonces en Europa se derrumbó por completo. Ya no eran tres continente representantes de la trinidad divina en la tierra (Asia, África y Europa) sino cuatro, eso por no hablar de lo que significó el encuentro con las culturas que habitaban el nuevo mundo. Cuando Herschel descubrió Urano el cielo se vio desafiado, ya o eran siete cielos, uno por cada planeta, mas el octavo cielo de las estrella fijas, sino que había más planetas, por lo tanto ¿había o no más cielos? Tal vez por eso, en consideración a esa terrible duda, los racionalistas de la época optaron por derrumbar los cielos.
Las culturas ancestrales, como la mesopotámica, la mesoamericana y la maorí, solían ser grandes y obsesivas observadoras del cielo, tanto que llegaron a pensar que como era arriba así era abajo, que así como era el cielo así era la tierra, que si había hombre y mujer, era porque en el cielo habían Sol y Luna, y así como el hombre y la mujer copulaban, también lo hacían las luminarias durante los eclipses, refrendando así un vínculo marital indisoluble.Muchas de esas culturas desconocían o habían olvidado el ciclo de la cuenta larga, pero los mayas guardaron en uno de sus calendarios los recuerdos de un orgasmo cómico de proporciones entre el Sol y centro de la galaxia, un acto efímero pero de gran impacto, quequizá prefirieron ignorar por considerarlo una traición a la Luna, a la cual tenían en gran estima.
Nuestra mente occidental ha recibido la invitación a este enlace celeste con emociones encontradas: hoy creo, mañana dudo, ayer, ya no me acuerdo. Nosotros hemos construido nuestro mundo en base a dos sistemas de conteo de tiempo, el tic tac del reloj que marca las horas del día, y los 365 días del año, o sea en base al movimiento de rotación de la tierra sobre su eje, y de su traslación alrededor del Sol, pero ahora sabemos de la existencia de un macro ciclo de 26.000 años, lo cual implica un abismal cambio de perspectiva.
Ahora sabemos que el orden solar es subsidiario de orden galáctico, sabemos de un hoyo negro en cuyo derredor giramos y que un día se tragará al Sol indefectiblemente, pero antes de que esto suceda trascurrirán muchas cuentas largas, que a decir de sus conocedores, los míticos mayas, traerán a la Tierra una sucesión de civilizaciones diversas, que surgirán de la desestabilización cíclica de la atmósfera terrestre en los momentos nodales de la cuenta larga, que trae consigo cambios climáticos, reajustes de las capas tectónicas, y otros fenómenos que obligan, al menos, a cambios en los estilos de vida de los habitantes del planeta.
Desde el terremoto de Chile del 2010 la tierra no para de moverse; la pasada semana 80 tornados azotaron el centro occidental de Estados Unidos, y se esperan aún más; un invierno inusualmente frío ha afectado al hemisferio norte, llegando la nieve hasta las costas del mediterráneo; en Sudamérica, casi llegado el otoño, tenemos temperaturas increíblemente altas, por sobre los 30 grados.
 
Aparentemente los mayas, al igual que otros pueblos originarios, tenían un concepto desconocido en occidente hasta hace muy poco: al igual que existe una hidrosfera, una litósfera, una atmósfera, etc..en el planeta también existe una psicósfera (llamada por alguno noosfera) que también sufre cambios cíclicos porque es subsidiaria del planeta, como todo lo que en él habita. Ese concepto es quizá el mas preocupante, pero también el mas promisorio, que se ha tejido alrededor del tema de la cuenta larga y el Calendario Maya, ya que pone en manos de cada integrante de la psicósfera la posibilidad de influir en el destino individual y colectivo de su cultura, de su sociedad, de su mundo y de si mismo.
Hoy la palabra crisis protagoniza de nuestro léxico, pero de todas las crisis quizá la peor es la humana, hemos perdido por completo la visión de la vida como un fenómeno colectivo y solidario, en el que cada día es una oportunidad única e irrepetible para experimentar amor, felicidad o el éxtasis de lo infinito; cambiamos bienestar por placer y confundimos riqueza con acumulación de bienes materiales; estamos llevando al planeta y sus mal llamados recursos naturales al límite, y muy pronto nos pasará la cuenta.Gaia, la Madre Tierra, la Pachamama, la Virgen Negra, tiene sus planes, y en ellos no figura dejarse abatir. Nosotros podemos trabajar junto a ella, con ella y por ella, o no hacerlo, es tan generosa que nos ha dado libre albedrío. Podemos escoger vivir sus procesos, participar en ellos alegre y conscientemente, con los ojos bien abiertos, o restarnos, cerrar los ojos y sufrir, pero no podemos evitar compartir su destino.
Hay quienes piensan que los mayas no temían los desafíos de la cuenta larga porque dominaban un arte muy especial, el arte de tejer el tiempo, eran tejedores del tiempoque sabían que creer es crear ya que no habían sido víctimas de ningún secretismo. Sus sacerdotes y deidades podían arreglárselas para obtener mágicamente mas filamentos de tiempo, que anudados unos a otros les permitían continuar el tejido de la vida, tal como lo hacen hasta ahora las herederas de ese legendario imperio, que amarran cotidianamente a su cintura sus tradicionales telares para tejer zarapes y huipiles, reproduciendo en sus textiles el diseño del TzolKin y quizá otros de sus muchos calendarios, y así poder cubrir sus cuerpos con medidas de tiempo casi tan grandes como la eternidad, sin que nada ni nadie haya podido interrumpir su milenaria labor. Esa es sin duda una buena noticia, ininterrumpidamente, prosiguen su obra sin fatiga.
 
Sarabjit Kaur y Marcela Vadell
Astrología, numerología tántrica y kundalini yoga
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Ilustración: Danza de los sueños, de Josephine Wall