La joven Perséfone se encontraba recogiendo lirios y rosas cuando…
EspigasDesde muy antiguo los seres humanos hemos celebrado el principio de revitalización eterna de la vida.
Mientras que en Mesopotamia se creía que la unión mítica de lo femenino y lo masculino, de la Diosa y su amante, propiciaban el crecimiento de las cosechas, la mitología griega abrazó la misma idea bajo la forma de amor entre la diosa Madre Deméter y su hija Perséfone, y es a ellas a quienes se rendía culto en Eleusis, cerca de Atenas, en Grecia.
De todas las festividades celebradas en la antigüedad, los misterios eleusinos eran considerados los de mayor importancia, los más solemnes y famosos ritos religiosos, pues  eran ejercicios de iniciación anuales en los que las comunidades agrícolas entendían la naturaleza circular de la existencia; nacimiento, vida, muerte y renacimiento, compartiendo el asombro por la continua regeneración de la vida, principalmente de los cereales, que constituían su sustento vital.
Así, el nacimiento, la vida, la muerte y el renacimiento de los cultivos eran honrados mediante rituales a Deméter, la diosa madre de la agricultura, cuya fertilidad garantizaba la prodigalidad de la tierra.
Dice Manuela Dunn Mascettti en el libro Diosas: “El misterio de la diosa del grano es el misterio de la muerte y la esperanza en una inmortalidad dichosa. Por esta razón, los antiguos consideraban la iniciación en los misterios de Eleusis una clave para abrir las puertas de la vida eterna.”
Los misterios eleusinos celebraban el regreso de Perséfone, pues éste era también el regreso de  la vida a la tierra. Perséfone había comido semillas de granada  (símbolos de la vida) mientras estuvo con Hades en el infierno, y su regreso es, por tanto, un símbolo del renacimiento de toda la vida durante la primavera y, por extensión, de toda la vida sobre la tierra.
El testimonio más importante que se conserva sobre los mitos del ritual eleusino es  el llamado Himno homérico a Deméter, que según parece no es del poeta aunque está escrito en el mismo tipo de métrica y lengua que los poemas homéricos. Es una obra muy antigua, probablemente del VII a. C. y aunque no es el mito que se recitaba en el interior del santuario (lo que allí se decía era secreto), da algunas luces sobre la intención de los iniciados y su fe en los poderes secretos de la Madre Tierra.
Narra cómo Perséfone, luego de ser raptada por Hades se convierte en reina del inframundo.  Deméter, cuando advierte que su hija ha desaparecido, y después de buscarla incansablemente de día y de noche,  muy enojada, deja de propiciar que crezca la vegetación, lo que rompe completamente el orden de las cosas.  Zeus entonces interviene y  llegan a un acuerdo: Perséfone volverá una parte del año con su madre, pero pasará otra con su marido, Hades, en los infiernos. Y es por eso por lo que, año tras año, cuando Perséfone regresa, Deméter vuelve a cubrir la tierra de flores y frutos.
El culto a Deméter y Perséfone se extendió posteriormente al Imperio romano, donde las antiguas diosas griegas adoptaron nuevos nombres: Ceres y Coré.
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