
Me acompañó todo el tiempo. Para donde mirara, sentía y encontraba su reconfortante presencia, que me susurró dulcemente al partir: estoy contigo, no te suelto la mano.
Claro que encontré a la Magdalena Celta que fui a buscar. Y no solo la hallé, sino que confirmé y reafirmé mi amor por estas tierras sagradas. Mary of the Woods sigue tan escondida en el misterio como en mi corazón.
Entendí en este viaje mucho sobre mí, sobre todo en el agua y en el bosque. Orgullosa de mi linaje espejo, lloré desconsoladamente por la violación de las doncellas de los pozos sagrados, cuya consecuencia fue la tierra baldía.
Ellas proporcionaban a los caminantes no solo agua y alimentos para nutrir el cuerpo, sino una conexión espiritual con todo lo que brotaba de la Tierra.
El desbalance cósmico que se produjo fue tal, que desde entonces comenzó la búsqueda arturiana del santo Grial: el viaje para reclamar lo que se ha perdido, que es el mismo viaje del Tarot.
Y mis lágrimas se juntaron con las aguas del arroyo y lavaron las heridas de esa otra vida, y quizás cuántos de mis miedos más profundos.
Tantos momentos para atesorar en este viaje que unió el camino del cuervo y el de la paloma, el camino druida y el camino cristiano. El vitral de Jesús y Magdalena en la lejana isla de Mull, motor para mí de esta peregrinación sagrada. El círculo en el nemeton del bosque. La hermandad, el llanto y la risa. La pastora en la isla de Iona, que con el llamado a sus ovejas, fue puente también para nosotras, “come on girls”, porque todo habla si sabemos escuchar.

Gracias Lau y Loren por mostrarnos con tanto refinamiento y delicadeza espiritual que todas las islas de la antigua Albion, son Avalon; todas conservan la pureza de lo no caído, y finalmente, como siempre he sentido, Avalon es un estado de conciencia, por eso la ciudad etérica más allá del Glastonbury primordial, que puede sentirse en el Chalice Well, en el Tor, pero sobre todo, en el huerto de los manzanos.
“Haremos muchas cosas juntas” me dijo Kari Mc Askill antes de irse al otro lado del velo. Y sí, estamos haciéndolas querida Kari, en cada paso. Gracias por creer en mí, y por ayudarme a re-cordar todo sobre celtas, druidas y druidesas.
Gratitud inmensa por todo lo vivido.
