A propósito de los vínculos, que han sido el temazo de estos dos últimos meses desde el punto de vista astrológico, estuve viendo Envidiosa, la serie de Netflix, que recomendaron dos potentes astrólogas que sigo.
Después de una ruptura dolorosa, Victoria, a punto de cumplir 40 años, busca un nuevo amor. Hasta aquí nada nuevo bajo el sol, salvo que la serie plantea, a través de su protagonista, -interpretada por Griselda Siciliani, qué linda ella-, lo enquistados que están todavía, en muchas de nosotras, viejos paradigmas. Vicky está obsesionada con ellos, y quiere cumplir al costo que sea con esos mandatos conservadores y patriarcales, íntimamente ligados a los ideales del amor romántico que nos han inculcado desde hace décadas, Disney también mediante.
Y todas, si somos honestas (salvo las menores de 30 que pudieran estar leyendo esto), podríamos -en algún punto- sentirnos interpeladas por ella.
Vicky es decoradora y sin embargo no sabemos nada de sus intereses, -qué le apasiona o le inspira- probablemente porque la construcción de su personaje exigía ser esta mujer esquemática, que todavía a su edad, no se ha encontrado consigo misma. Porque realmente no vive, sino que persigue un objetivo.
Vicky tiene un mundo lleno de posibilidades pero no lo ve, no es capaz de verlo, ciega por alcanzar un ideal que nunca se preguntó si realmente es de ella. En este sentido, uno de los mejores personajes de la serie es la sicóloga, que procura que su paciente se conecte con su deseo y no con el mandato impuesto existencial de casarse, creencia tan incuestionable para la protagonista, que en su sed de ser elegida, de ser amada, de encajar en el rol, crea espejismos y no ve o no quiere ver la realidad.
El personaje podría ser insoportable por lo autorreferente y monotemático, pero en mi mirada es adorable. Enternece la niña herida, presa fácil para el depredador manipulador. (El jefe, Benjamín Vicuña como Nicolás). La situación de abandono de su infancia, ha condicionado a tal punto su existencia, que ha dinamitado su autoestima. Ella no se ve, no se conoce, y nadie puede amar lo que no conoce.
A través de los doce capítulos nos enteramos de que Vicky ha dejado de lado su proyecto de vida (ser arquitecta) en pos de la pareja y la vida en familia. Sabemos que muchas mujeres siguen a sus hombres a otros países, y no dejo de preguntarme cuánto o en qué proporción sucederá lo contrario, en que sea el hombre el que siga a la mujer exitosa.
En fin, la serie me gustó, porque además de ser muy divertida, abre muchas preguntas.
Leí y escuché otros comentarios, y uno señalaba que quizás lo más inverosímil fuese que Matías (el vecino, interpretado por Esteban Lamothe ) se enamorara de alguien tan superficial y distinto de ella. Pero claramente, en algo ella lo espeja, pues nadie se siente atraído por aquello que no tiene o que no es.
También se ha criticado que el telón de fondo sea casi exclusivamente Puerto Madero y Recoleta, y es cierto, Buenos Aires es mucho más que eso, pero sería como reprobar que la Place Vendôme aparezca demasiadas veces en Emily in Paris.
Sé que en este punto me estoy metiendo en las patas de los caballos, pero es genial que en una comedia romántica se muestren lugares lindos que nos hagan querer trasladarnos hasta allí, y en ese sentido, me parece que la serie exporta bien a la capital de Argentina.
Esperamos que en la segunda temporada se pueda profundizar más en el tema tan complejo que es la envidia y abordar al personaje desde otros ángulos, y que Victoria se encuentre consigo misma, pudiendo trascender sus frustraciones amorosas.
Netflix, Argentina, 2024
@monica.de.simone
