Conversábamos el otro día, con mi socio y nuestro web master, sobre la conveniencia de seguir usando la plataforma Zoom, luego de las noticas vertidas en varios medios, sobre su falta de protocolo de encriptación de los mensajes.

La popularidad de esta aplicación, se disparó cuando hace unas semanas atrás, comenzaron las medidas estrictas de confinamiento, y muchos debimos mudarnos al teletrabajo.

En algunas redes sociales se comentó, que varios usuarios vieron interrumpidas sus videoconferencias con imágenes pornográficas o racistas, y lo que es peor, que la compañía podría acceder al contenido de nuestras videollamadas, sin nuestro consentimiento.

La verdad, no me quita demasiado el sueño.  

Creo que hace mucho nos escuchan, aún con nuestros celulares apagados, tanto así, que si quiero hablar algo realmente privado con alguien, voy a ese encuentro sin celular. 

El año pasado, comenté en mi IG, un capítulo de la serie Black Mirror, que me parecía aterrador. Hoy, Nosedive, en que te asignan puntaje según tu comportamiento social, ya es una realidad, literal y metefóricamente, según el lugar del planeta del cual estemos hablando.

Cuando, tal como ya lo ha dicho Yuval Noah Harari*, en un artículo publicado en Financial Times, bajo el título “El mundo después del coronavirus”, podría ser que varias de las medidas aplicadas actualmente a raíz de la crisis, tiendan a ser asimiladas como parte de la rutina diaria.

 

“En su batalla contra la epidemia de coronavirus, varios gobiernos han empleado nuevas herramientas de vigilancia. El caso más notable es China. Al monitorear de cerca los smartphones de la gente, haciendo uso de cientos de millones de cámaras con reconocimiento facial, y obligando a las personas a reportar su temperatura corporal y condición médica, las autoridades médicas no solo pueden identificar sospechosos de haberse contagiado de coronavirus, también rastrear sus movimientos e identificar a cualquiera con quien estuvieron en contacto. Un gran rango de aplicaciones móviles advierten a los ciudadanos de la proximidad a pacientes infectados”, detalla Harari.  

 

De ahí a que nos instalen un chip, un solo paso.

Así las cosas, quizás te parezca que no hay nada nuevo en esto, porque hace rato nos rastrean y nos manipulan.  

Pero podría ponerse peor.  “Si no somos cuidadosos- insiste Harari-, la epidemia tal vez marque una importante mancha en la historia de la vigilancia”. “No solo porque puede normalizar el uso de herramientas de vigilancia masiva en países que hasta ahora la han rechazado, también porque significa una transición dramática de vigilancia de ‘sobre la piel’ a ‘bajo la piel’”.

El tema, para que esto no suceda, es el de contar con liderazgos confiables y mentes sentipensantes, que sin duda, hoy no las hay. 

Harari propone, que cuando las personas confían en las autoridades públicas, ellas pueden hacer lo correcto sin un ente vigilante; “una población bien informada y auto-motivada, usualmente es más poderosa y efectiva que un pueblo ignorante vigilado por la policía”.  

 

Pero no queremos pensar. Y como nadie quiere pensar, no hay líderes en los que creer. Cuántas veces se ha llamado “conspiracionistas” a los seres pensantes, a aquellos quienes buscan reflexionar, desmarcándose de los contextos por todos conocidos.

Igual que con la pastilla de Matrix, hay personas que prefieren no saber, que te piden dejar el mundo como está. Son aquellos que promueven que “las cosas siempre se han hecho así”, los que todavía hoy, con las viejas estructuras cayéndose estrepitósamente a pedazos (Plutón en Capricornio), aún quieren aferrarse a ellas.

Y ese, creemos, es el más alto riesgo de retraso que corremos, como humanidad, en el camino hacia una nueva Tierra, que sin duda será, -al menos entre algunos- , más solidaria, amorosa y colaborativa.

Y una vez superemos el virus, la cooperación será vital también, en el ámbito económico.

 

Entonces, como humanidad, deberíamos entender ya, de una buena vez, que la única opción es la de la colaboración. 

Esperemos que así como se está limpiando la tierra, nos estemos limpiando todos.

Y que con chip o sin chip, si cada uno limpia su entorno cercano, de cualquier atisbo de mezquindad, cambiaremos la Tierra por completo.

El nuevo mundo se construirá por la renovación de nuestras mentes,  y de nuestros vínculos, a través de una nueva vibración y una percepción nueva, de la mano de una voluntad colectiva y transpersonal.

Que así sea.

 *Yuval Noah Harari es Historiador. Docente en la Universidad Hebrea de Jerusalén, autor de varios libros, y destacado conferencista, es además reconocido como el mejor pagado a nivel internacional.