Hemos cumplido 12 años. La edad que tenía nuestro maestro Jesús, cuando conversó con los sabios del templo.
Hemos aprendido mucho, y hemos expandido nuestros conocimientos (en la medida de lo posible y con toda la seriedad que nos caracteriza), hacia campos nuevos.
Los frutos de esas nuevas búsquedas, traen nuevos saberes a nuestros tradicionales Cursos y Talleres, en una experiencia fresca, para los estudiantes y para nosotros.

Nuevos nodos de una red que silenciosamente se va creando, de modo muy acuariano, integrando nuevas miradas, y nuevos seres humanos, en medio de una revolución planetaria, hacia una nueva Tierra.

Hemos preservado la sabiduría antigua, y lo seguiremos haciendo, pero enfatizando, lo que nos es propio: este tiempo que nos tocó vivir.

Es el nuestro, no el de nuestros linajes u ancestros. Tenemos su bendición, pero ahora nos toca a nosotros construir una cultura nueva, poderosa y fundamentada, según la instrucción y con la venia de nuestros guías y maestros.

Así, nuestro camino seguirá ligado a nuestra experiencia y nuestra creatividad, y se apoyará en tres pilares, que guiarán nuestro ser y nuestro quehacer:
– La cultura de lo Humano: el encuentro del ser humano con sus alturas y profundidades
– La cultura del Vínculo: el encuentro entre lo Masculino y lo Femenino
– La cultura de la Interconexión: el encuentro de lo individual y lo colectivo, en el bien común

Lo que posibilita el INICIO de estas culturas es el SÍMBOLO.

Somos una Escuela de Lenguajes Simbólicos. Y el mayor de nuestros símbolos (y que incluye y posibilita todo desarrollo) es nuestro nombre: HACIENDO SAGRADO LO COTIDIANO.

Facilitaremos y acompañaremos el camino de los símbolos (en la medida de lo posible), para que los estudiantes y nosotros mismos, podamos crear, en la materia, nuestra expresión más genuina y profunda. Y que esa expresión, llena de posibilidades y elecciones, ejercida con todo el libre albedrío del que seamos capaces, determine nuestro destino, enlazando la inmanencia y la trascendencia.

“Una and the Lion”, de Briton Riviere

La imagen presentada aquí es una destilación visual de algunos de los símbolos más profundos de la alquimia espiritual. En el centro se encuentra una figura femenina – un emblema del anima mundi o Sophia interior – caminando serenamente entre el león y el cordero, mientras que detrás de ella brilla un sol con cara humana. El león, arquetipo de fuerza primaria y la naturaleza inferior aún por sublimar, descansa su cabeza en el corazón de la mujer: un momento decisivo en el Magnum Opus, donde la energía cruda no se conquista a través de la violencia, sino que se domestica a través de la gentileza, la pureza y la conciencia.

El cordero, en contraste con el león, representa la naturaleza redimida – la inocencia recuperada a través del trabajo interno. Baila alegremente, simbolizando la transmutación exitosa y la paz interior que sigue a la victoria sobre los instintos inferiores. Este es el albedo que viene después del negro: luz tras oscuridad. Entre estas dos fuerzas se encuentra la figura humana como mediadora, aquel que une y armoniza opuestos, reminiscente de la imagen de la Templanza o de la Virgen alquímica.

Finalmente, el sol con un rostro humano, irradiando su espíritu a través de toda la escena, no es una estrella ordinaria, sino una representación del Sol Philosophorum – el Sol interior. Es el Yo, iluminando y guiando la obra, trayendo calidez, claridad y unidad. Su centralidad y expresión humana nos recuerdan que el camino alquímico no es un proceso externo o meramente químico, sino un viaje profundamente humano hacia la realización de la naturaleza divina de uno.